En el mundo del búlder, la búsqueda de nuevos spots es una parte fundamental de la aventura. Es una actividad que une la pasión por la escalada con una sed inagotable de descubrimiento, todo ello acompañado de un gran desafío contra uno mismo y contra los propios límites psico-físicos. Elias Iagnemma, recientemente, fue más allá de los destinos más conocidos para explorar la zona del Refugio Alpetto, donde encontró algunos bloques y líneas de gran belleza.
Elias Iagnemma: “El Alpetto. Un nombre que para muchos suena simplemente como un punto de referencia en los mapas, se ha convertido para mí en sinónimo de aventura y descubrimiento. Durante uno de mis muchos días en busca de nuevos bloques, estaba buscando un sector de verano para hacer búlder, como alternativa al conocido Refugio Barbara. Había oído hablar del Refugio Alpetto y de sus bloques dispersos, así que decidí preguntar a algunos lugareños e iniciar una exploración. Al final del día, había sido ampliamente recompensado: encontré Afrodita, uno de los bloques más bellos y fáciles de localizar de la zona, aunque esté parcialmente escondido por una curva. Verlo por primera vez fue un momento increíble. Contiene una línea sencillamente perfecta. Es un panel de 35 grados sobre serpentina alpina, donde las regletas parecen casi esculpidas a mano. El estilo y las formas me recordaron de inmediato a las líneas perfectas de Rocklands, e incluso el tono anaranjado de la roca evoca la atmósfera y el tipo de piedra de aquel lugar. Por eso decidí llamarlo Afrodita: no hay otro nombre que pueda hacer justicia a tanta belleza.”
El búlder es mucho más que un simple deporte; es un viaje introspectivo y una elección de vida. No se trata solo de escalar un bloque o de alcanzar un grado cada vez más alto. Es una actividad que nos invita a explorar, a ponernos a prueba y a interpretar nuestro camino con nuestra sensibilidad, nuestras posibilidades y nuestras ambiciones. En el búlder no existe una única manera de vivir la relación con el rendimiento. Cada uno de nosotros puede descubrir la línea, el desafío y el grado que mejor se le adapte, avanzando en un camino que es al mismo tiempo humano y deportivo. El bloquero se convierte en explorador, en artista que lee las formas de la roca y en pensador que planifica cada movimiento. La búsqueda de un bloque virgen, la limpieza de las presas y la descodificación de una secuencia compleja son etapas de un proceso que va mucho más allá de la simple prestación física. Es una búsqueda de uno mismo, una expresión de la propia creatividad y una celebración de la relación entre el hombre y la naturaleza. En este sentido, el búlder nos enseña que la verdadera victoria no es solo la cima, sino el recorrido que nos ha llevado a descubrirla y escalarla.
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